Supongo que no soy el único que tiende a quejarse de las situaciones que vive este pedazo de tierra que Dios nos asignó para nacer, porque no vivimos en un paraíso y mucho menos en el mejor vividero del mundo. Supongo que tampoco soy el único que compara lo que tenemos acá con lo que vemos en otras ciudades que se encuentran un poco o mucho mas organizadas que la nuestra. Y es que las comparaciones generalmente son de mal gusto pero, si sirven para auto-criticarnos y lograr entender los porqués, pueden ser de gran utilidad.Nos quejamos por todo lo que tenemos acá, nos quejamos del transporte, del calor, del frío, de las calles, de los lugares públicos, de la inseguridad, de los policías, de los trancones, de los precios de la comida, de las motos, ect. Nos quejamos de lo que hay y de lo que no hay, y yo estoy casi que convencido que lo que somos hoy y como están las cosas en nuestra ciudad es producto de lo que nosotros como ciudadanos hemos construido, hemos permitido, hemos aceptado por nuestra forma de ser (en muchos casos) facilista, conformista, corrupta, relajá, por tener un mala concepción y apropiación de la cultura del "cógela suave".
Y es que aceptamos la corrupción desde el mismo momento en que votamos por nuestros gobernantes, cuando damos el voto porque un vecino lo necesita para conservar su puesto, cuando lo hacemos por que nos están consiguiendo una beca en algún instituto, o porque necesitamos asegurarnos un puesto en donde sea; aceptamos la corrupción cuando no hacemos nada y callamos delante de quienes se roban nuestros impuestos, a los cuales buscamos la forma de evadir constantemente; nuestras únicas actuaciones en contra de la corrupción es comentar el tema en las reuniones sociales.
Nos quejamos de que los buses estacionan en todas partes a recoger pasajeros, pero somos nosotros mismos quienes pretendemos que nos paren y nos dejen donde se nos antoja. Al subirnos al Transmetro empujamos, entramos como vacas al corral, no esperamos que las personas salgan, nos hacemos los locos cuando hay que dar las sillas azules. Pretendemos que no hayan accidentes y tenemos los puentes peatonales y las cebras de lujo. Nos quejamos de que las calles están sucias y no nos cuesta nada sacar la mano por la ventana y botar cualquier basura sobre la calle. Sobornamos a los policías, robamos puestos en las filas, nos creemos los mas vivos, no perdonamos cuando el prójimo da papaya, admiramos al "vivo" a los representantes de la famosa e idolatrada "malicia indígena", rayamos con símbolos las paredes de los sitios públicos o privados, rayamos todo.
En fin, pudiera seguir poniendo mas ejemplos de las cosas que para nosotros es el pan de cada día y que admitimos como nuestra normalidad; el punto es que deberíamos preguntarnos si queremos un mejor vividero y si la respuesta es afirmativa podríamos empezar a ser mejores barranquilleros haciendo cambios en los pequeños detalles, dejando de creer que el mas vivo es al que mejor le va, demostrando respeto por el vecino y por lo que ha sido hecho para el disfrute de los ciudadanos (así sea poco), respetando las normas (así estén mal hechas) y si están mal hechas actuar para que las cambien.
Somos lo que somos y tenemos lo que tenemos porque nos da la gana de que así sea; así que en nosotros mismos está la solución.
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