13 de febrero de 2012

Días Cortos, Días Largos


Cada vez entiendo mejor y me encuentro mucho mas envuelto en la teoría de la relatividad del bastante conocido Albert Einstein.  Y es que definitivamente el tiempo es una de las cosas que cumple fielmente con esa teoría y además te la hace padecer a cada minuto. 

Y es que, no sé si les haya pasado, que cuando esperan algo con tantas ansias pareciera que el reloj no avanzara y cuando por fin llega el momento esperado sientes que estás en una carrera contrarreloj y que en un santiamén se esfuman minutos, horas, días.  O que cuando más necesitas el tiempo, a éste se le da la gana de apresurarse, y cuando quieres que los minutos pasen volando, ellos por el contrario se relajan y la cogen suave.

El tiempo es como nuestro eterno enemigo que pareciera jugar siempre en contra nuestra y últimamente he sentido sobremanera su inclemencia.  Desde que empieza el Lunes, estoy pensando en el bendito Sábado para poder ver a los que más quiero, es entonces cuando el Martes demora para llegar, con la excusa de que había mucho tráfico.  El miércoles se retrasa porque se siente mal del estómago y le pide el favor al martes de que lo espere un rato más. Como el Miércoles se siente apenado por su tardanza le dice al Jueves que no se preocupe por llegar temprano, pues él no tiene problema en cubrirlo unas cuantas horas.  El Jueves, como no es ningún pendejo, se las tira de loco y llega bien tarde, entonces le dice al Miércoles que en la semana entrante se pone al día con él y madruga un poquito más.  Por fin llega el anhelado Viernes, que como buen chacho que se respete siempre se hace esperar, y su problema es que cuando se aparece se fresquea y hace sus horas se pasen bien despacio como dándonos la oportunidad de que lo disfrutemos al máximo, pero eso sí, hasta las 6 de la tarde, porque de ahí en adelante a ese tipo no hay quien lo aguante, yo creo que lo que le pasa es que le tiene miedo al Sábado y prefiere no estar para cuando llegue.

Para mi fortuna se asoma por la puerta el señor Sábado, pero como si tuviera algo en mi contra y me quisiera mamar gallo me hace sentir que cada hora es un minuto y en un parpadear de ojos ya me muestra su noche.  Me hace sentir que cuando duermo estoy despreciando tiempo, me crea la necesidad de aprovechar cada instante para compartirlo con las personas a las que veo solamente los fines de semana.  No les cuento como me trata el Domingo porque a ese de vaina lo veo llegar y cuando lo quiero saludar me dice que anda de afán y que tiene que irse.

A pesar de que últimamente no me la llevo bien con el tiempo y sus jugarretas, lo único de lo que estoy seguro es que es el recurso que menos probabilidades tiene de ser renovable, y muchas veces lo desperdiciamos para luego lamentarnos cuando realmente lo necesitamos.   Aprovechemos el tiempo que es bastante escurridizo; no dejemos pasar más segundos sin decirle a los nuestros lo mucho que los queremos, no dejemos escapar instantes en los que podamos regalarles nuestra presencia, no dejemos para otro día los proyectos que podemos iniciar hoy… cada día que dejamos pasar es un día que nos va a hacer falta más adelante.

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