Cada
vez entiendo mejor y me encuentro mucho mas envuelto en la teoría de la
relatividad del bastante conocido Albert Einstein. Y es que definitivamente el tiempo es una de
las cosas que cumple fielmente con esa teoría y además te la hace padecer a
cada minuto.
Y
es que, no sé si les haya pasado, que cuando esperan algo con tantas ansias
pareciera que el reloj no avanzara y cuando por fin llega el momento esperado
sientes que estás en una carrera contrarreloj y que en un santiamén se esfuman
minutos, horas, días. O que cuando más
necesitas el tiempo, a éste se le da la gana de apresurarse, y cuando quieres
que los minutos pasen volando, ellos por el contrario se relajan y la cogen
suave.
El
tiempo es como nuestro eterno enemigo que pareciera jugar siempre en contra
nuestra y últimamente he sentido sobremanera su inclemencia. Desde que empieza el Lunes, estoy pensando en
el bendito Sábado para poder ver a los que más quiero, es entonces cuando el Martes
demora para llegar, con la excusa de que había mucho tráfico. El miércoles se retrasa porque se siente mal
del estómago y le pide el favor al martes de que lo espere un rato más. Como el
Miércoles se siente apenado por su tardanza le dice al Jueves que no se
preocupe por llegar temprano, pues él no tiene problema en cubrirlo unas
cuantas horas. El Jueves, como no es
ningún pendejo, se las tira de loco y llega bien tarde, entonces le dice al
Miércoles que en la semana entrante se pone al día con él y madruga un poquito
más. Por fin llega el anhelado Viernes,
que como buen chacho que se respete siempre se hace esperar, y su problema es
que cuando se aparece se fresquea y hace sus horas se pasen bien despacio como dándonos
la oportunidad de que lo disfrutemos al máximo, pero eso sí, hasta las 6 de la
tarde, porque de ahí en adelante a ese tipo no hay quien lo aguante, yo creo
que lo que le pasa es que le tiene miedo al Sábado y prefiere no estar para
cuando llegue.
Para
mi fortuna se asoma por la puerta el señor Sábado, pero como si tuviera algo en
mi contra y me quisiera mamar gallo me hace sentir que cada hora es un minuto y
en un parpadear de ojos ya me muestra su noche.
Me hace sentir que cuando duermo estoy despreciando tiempo, me crea la
necesidad de aprovechar cada instante para compartirlo con las personas a las que
veo solamente los fines de semana. No
les cuento como me trata el Domingo porque a ese de vaina lo veo llegar y
cuando lo quiero saludar me dice que anda de afán y que tiene que irse.
A
pesar de que últimamente no me la llevo bien con el tiempo y sus jugarretas, lo
único de lo que estoy seguro es que es el recurso que menos probabilidades
tiene de ser renovable, y muchas veces lo desperdiciamos para luego lamentarnos
cuando realmente lo necesitamos. Aprovechemos el tiempo que es bastante
escurridizo; no dejemos pasar más segundos sin decirle a los nuestros lo mucho
que los queremos, no dejemos escapar instantes en los que podamos regalarles
nuestra presencia, no dejemos para otro día los proyectos que podemos iniciar
hoy… cada día que dejamos pasar es un día que nos va a hacer falta más
adelante.

Buena reflexión.
ResponderEliminarMuy bueno!!
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